imma fool
Una vez llevado a cabo ese proceso pragmático de descubrir lo que más le apasiona en la vida, continúe con el paso numero dos, que consiste básicamente en pellizcarse la voluntad, tantas veces como sea necesario para dejarla cómo una enorme masa dolorosa de frases rebuscadas y preguntas hinchadas. En esta etapa no ha de alarmarse por los efectos secundarios que surjan durante la aplicación de nuestro método. Principalmente, se advierte la aparición de urticarias en todo el cuerpo, cosquilleos en la barriga, caída del cabello, insomnio y muy posiblemente, sufra apariciones recurrentes y repentinas de visiones detalladas y claras sobre algunas situaciones que antes ud. creía conocer bien. Está demostrado científicamente que estos efectos pasarán luego de que los acepte y se esmere en sonreír un poco más de lo normal (y sin miedo a parecer idiota). Llegado este punto, podrá decidir si desea continuar el ritual con desasosiego hasta que finalmente, brote un pequeño retoño lánguido y colorido. Acá ud. resolverá rebuscar en su memoria y ejercer los conocimientos básicos de botánica que le enseñaron en primaría (recordando las tan familiares caraotas y los frascos de compota con periódico). Si no, siempre puede acudir a google para ilustrarse con toda seguridad. Por otro lado, si forma parte de aquellas personas que decidieron ir por un último pellizco poco certero, intente llorar un poco, patear un bote de basura un par de veces o beberse una taza enorme de té de manzanilla bien cargado. Próximamente, dirija su atención al paso número uno porque, en rigor,
algo ha hecho mal.
en el que se me es imposible acercarme a ti.
Es la típica historia de aquella personita que hubiese dado la vida por otras personitas que se largaron, que ya no están, que en realidad nunca estuvieron. Y ocurrió tantas veces que simplemente ya no ocurrió nunca más.
Te juro que no es algo que esté haciendo adrede: no es una niñería, no es un llamado de atención. En realidad se está bastante jodido, cagando las cosas sin dar mínima cuenta de ello.
Eso de mecanismos de defensa, decepciones y basuras que no me explican cuál es la solución.
Es frustrante, una paradoja maldita que te mantiene aterrado y seguro al mismo tiempo.
Quiero poder hacerte confiar en mí, pero no puedo confiar - en lo más mínimo - en ti. (Y créeme, quiero confiar en ti… quiero confiar en ti.)
Mientras tanto observas a la gente pasar de largo sin poder significar nada en sus vidas, más que un par de cafés, algunos consejos que cualquiera podría darles y series repetidas de ásperos silencios que dejaan bien en claro el final del camino hacia un ser amurallado.
Lamento tanto que no me conocieras antes de que toda esta mierda me cambiara.
Toda esta porquería por la que estoy pasando se terminará, no tendré que pasar por esto nunca más. De algún modo se terminará. Y entonces yo me graduaré en mi carrera profesional, y seré coñisimamente arrecha ejerciéndola, la mejor. ¿Ok?, la mejor. Me iré de este país que se hunde sin remedio, me mudaré a Irlanda, a Canadá, o tal vez me vaya a las islas de Fiyi. Me iré, lejos. Y será genial, será malditamente genial. Estudiare creación literaria y escribiré, cómo siempre he deseado hacer, y seré feliz haciendolo, tan feliz que me doleran las mejillas de sonreír todo el tiempo. Allá en donde voy a vivir encontraré gente que me quiera, que me quiera que jode, así como yo voy a quererlos a ellos. No me hará falta nunca nadie para que me escuché, me invite a tomar un café o quiera charlar conmigo, porque también voy a ser genial para todo eso. Me casaré con el amor de mi vida, tendré tres hijos preciosos, gordos, cachetones, y les pondré nombres bonitos y que se pronuncien y escriban fácilmente. Visitaré a mi mamá y le llevaré regalos geniales, porque tendré mucho dinero para llevarla a spas, peluquerías y comprarle cosas bonitas, como siempre se ha merecido. Y cuando yo sea una vieja hermosa y adorable, horneare galletas, tejeré abrigos, leeré todos los libros que siempre he querido leer y les contaré a mis nietos sobre todas las cosas que tuve que pasar y lo bien que que siempre resulta todo. Para cuando muera voy a haber vivido tantas aventuras y tocado tantas vidas que recordaré este momento con inmensa paz y sabiduría.
Cell - Stephen king
Paula - Isabel Allende
Mi País inventado - Isabel Allende
El cuaderno de Maya - Isabel Allende
Brida - Paulo Coelho
11 minutos - Paulo Coelho
Memorias de mamá Blanca - Teresa de la Parra
El viejo y el mar - Ernest Hemingway
Relato de un naufrago - Gabriel García Márquez
Aviones de papel - Marianne Díaz
Un regalo para Julia - Francisco Massiani
El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr.Hyde - Robert Stevenson
Crónicas de lo criollo y 1/3 - Jesús Armando González.
(A Coelho lo leí bajo coacción, no me maten)
El mejor de todos: Memorias de mamá Blanca. Venezuela, carajo :,)
Necesito leer más, que floja.
Ya le duelen las piernas, mira, están casi entumecidas, pero ella ni se entera. Shhh… que nadie le diga nada. Te juro que ya está casi al borde, pero no lo sabe, shhh, déjala, déjala.
Nadie puede hacer nada, es un mal necesario. Mientras tú y yo nos bebemos un café, nos fumamos un taco de marihuana o nos reímos a carcajadas grotescas y escandalosas para silenciar nuestras vidas, ella corre.
¡Mira!, ¡mira! Ahí va otra vez, ya empieza. El mismo pasillo iluminado y estrecho, demasiado estrecho. El mismo trote angustiado, desesperado, torpe. Lo único que cambia es ella.
Un día de estos se abre la tierra debajo de sus pies y entonces nos jodemos todos. No, bueno, se jode ella.
Pero, mírala, es hermosa cuando corre, cuando no sabe. No te atrevas a sentir lástima, que tú no sabes cómo es tener algo porque correr todos los días. Ya quisieras tú.
Has silencio, shhh, que te digo que no tiene idea, no se imagina ni en un millón de años que estamos aquí y la miramos de cerca cada vez que ella pasa, flotando, sudando, reventando el mundo. ¿No quisieras ser ella aunque fuese un poquito? Es que me gusta tanto el impacto de sus pies en el suelo, como una bofetada que reanima, la destrucción irremediable de un sueño, la última bocanada de aire al hacer un berrinche, la explosión de una pobrecita pompa de jabón.
Nadie puede hacer nada, todos la dejan correr hasta que despierta, todos los días, y es cuando todo se torna así borroso y pesado, una encrucijada abarrotada de autos, la hora pico, demasiadas culpas escondidas entre los oídos. Te digo que es un mal necesario, dejarla correr, en el mismo pasillo, demasiado estrecho, demasiado iluminado. Lo único que cambia es ella.
Me arruinaste, me arruinaste para el resto del mundo.
Y no es porque me cogieras, me usaras, me engañaras o cualquiera de las razones por las que el mundo entendería la magnitud de esta situación en la que me dejas.
No me enamoraste, no me mentiste, no fingiste, no cambiaste. Fue trasparente, real, casi tangible y es lo que más me hierve en ese maldito espacio vacío entre el alma y el cuerpo.
Use todas mis armas contigo, no sabes. Nadie ha sabido dar tanto, tan todo junto, tan todo de prisa.
Te odio, tanto. Te odio en especial porque me lo haces tan difícil. Te odio, te odio, te odio.
Me enamoré, me mentí, me engañe, me cambiaste, te fuiste. Ahora no queda nada para nadie más y vuelvo: te odio, te odio, te odio tanto como quiero que regreses y me devuelvas toda mi mierda en su perfecto orden de nuevo, devuélveme lo que era antes de ti, regresame.